Historias Musicadas: El duelo entre la Felina y la Paloma. Comentar

Un 5 de Mayo de 1959, la diva Maria Callas pisaba por primera (y última vez) el regio escenario del Gran Teatro del Liceo barcelonés bajo un lleno absoluto, con las entradas agotadísimas y la reventa haciendo su agosto particular. El recital consistía en un amplio repertorio de arias de Verdi, Puccini y Rossini entre otros. La Callas se dispuso a abordar la primera parte de la actuación, pero por lo visto no era precisamente la mejor noche de la diva, así que ni Don Carlo o Mefistófeles, ni la cavatina de El barbero de Sevilla estuvieron a la altura, y mientras cantaba la  de “Vissi d’Arte” de Tosca entre el inquieto público se escucharon las primeras quejas. Para cuando concluyó la primera parte se oyó un griterío forofo coreando “Tebaldi!, Tebaldi!”, algo más propio de un partido de fútbol que de un evento lírico de esta magnitud.

A los poco conocedores del mundo operístico (como el humilde servidor que escribe esto) nos puede parecer extraño e incluso chocante que en un templo cultural de tan alto copete donde se junta lo más granado de la alta sociedad y los más exquisitos modales se pudiesen perder las formas de semejante manera, pero a fin de cuentas no era más que la enésima ( y por supuesto no la última) contienda entre la mayor de las rivalidades musicales líricas acontecidas en el siglo XX: la Divina contra el Ángel, la emoción frente a la dulzura, la Felina en duelo con la Paloma, María Callas en terna con Renata Tebaldi.

La voz del Ángel

Renata Ersilia Clotilde Tebaldi nació en el año 1922 en Pésaro, Italia. Su padre Teobaldo era un violonchelista de poco éxito que abandonó el núcleo familiar cuando todavía era una niña dejándola al cargo único de su madre Giuseppina Barbieri  con la que entre penurias se mudó a la cercana Langhirano. A la edad de tres años contrajo la polio, lo que le impidió jugar y corretear como cualquier criatura de su edad, así que lo animada por su madre (que siempre había querido ser soprano) volcó todos sus sentidos en el mundo de la música recibiendo clases de piano y cantando en el coro de la iglesia local.

Ya bien temprano empezó a decantarse por el canto y accedió a tomar clases en el conservatorio de Parma. Aprovechando unas vacaciones navideñas Renata fué a visitar a su tío paterno que regentaba una pastelería en Pésaro que frecuentaba la prestigiosa profesora española Carmen Melis, que tras escucharla cantar accedió a acogerla como alumna. Debutó con 22 años en Rovigo en el papel de Elena en Mefistófeles de Arrigo Boito, y cantó varias veces en Parma antes de ir a estudiar a Milán por mediación de la Melís con el profesor Giuseppe Pais.

La Tebaldi se distinguirá por su exquisito timbre de color uniforme con una emisión pareja y una línea limpia de canto donde imperaba la belleza de su registro. No obstante, su hierática presencia escénica no era para nada notable, algo acorde con la tendencia imperante en esos momentos de preocuparse mucho más por la voz que por la gestualidad y el movimiento, restando de casi toda expresividad sus interpretaciones. La dulzura de su voz rozaba lo hipnótico a pesar de lo limitado de su tessitura y de que se la acusase (quizás injustamente) de tener un repertorio un tanto limitado al interpretar personajes operísticos de lo más estándar mil veces ya representados y muy enfocados hacia Puccini y el verismo.

Su gran oportunidad le llegó en 1946, cuando el prestigioso director Arturo Toscanini realizaba una serie de audiciones de voces jóvenes. Dice la leyenda que al escucharla cantar afirmó haber encontrado la “Voz de Ángel” y que había encontrado exactamente la nueva voz que buscaba para la reapertura de la Scala de Milán, recientemente reconstruida tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. En este evento histórico, interpretó La Oración Dal tuo stellato soglio de la ópera Mosisés en Egipto de Rossini y la parte de soprano del Te Deum de Verdi. A partir de ese momento fueron sucediéndose los triunfos en los principales auditorios italianos y europeos para también cruzar el charco y consagrarse en Nueva York, San Francisco y Chicago.

Su carrera era ya imparable, Toscanini la animó para que cantara el papel de Aida y la invitó para que lo ensayara en su estudio. Tebaldi tenía dudas al estar convencida que era un papel más bien reservado para una soprano más dramática, pero tras ser persuadida por el director finalmente la cantó en La Scala en 1950, junto a Mario del Monaco y Fedora Barbieri, bajo la dirección de Antonino Votto. Tebaldi reinaba en la Scala y nadie la podía desbancar de ese trono, hasta que llegó María Callas….

La Divina

Maria Anna Cecilia Sofia Kalogeropoúlou, más conocida como María Callas nació en Nueva York en 1923. Sus padres, Evangelia Dimitriadis y George Kalogerópoulos habían emigrado desde Grecia pocos meses antes para abrir una pequeña farmacia en Manhattan. Debido a lo complejidad en la pronunciación de sus apellidos optaron por cambiarlo al sencillo “Callas”.

El matrimonio se separó en 1937 y su madre Evangelina optó por volver Grecia en compañía de la propia María y su hermana Yakinthy, retomando el apellido original en griego. Decir que la relación con su madre era tortuosa es quedarse corto: María se sentía poco querida y presionada por los reproches que continuamente le lanzaba su progenitora entre los que destacaban “gorda” o “poco agraciada”. Pero innegablemente su belleza residía en su voz.

Inició su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas, falseando su edad al no alcanzar la edad mínima obligatoria de 16 años. Estudió con la soprano Maria Trivella y posteriormente con la española Elvira de Hidalgo, que la formó en la tradición del bel canto romántico italiano. Debutó como amateur en Atenas en 1938 en el papel de Santuzza en Cavalleria rusticana y profesionalmente en 1942 en el Teatro Lírico Nacional de Atenas con la Opereta Bocaccio.

En su voz brillaba  un proverbial dominio del legato, una gilidad sin fisuras, una tessitura que alcanzaba dos octavas y media asumiendo con soltura roles de muy diferentes repertorios con un vibrato acentuado y un timbre algo áspero y estridente pero adecuado para la perfecta dicción que transmitía una emoción máxima. Es imposible no abordar la magnitud de la Callas sin hacer referencia ductilidad escénica donde se ponía de manifiesto una revolucionaria e impresionante expresividad en cada una de sus interpretaciones abordando sus papeles desde el texto, donde la creación del personaje era para ella mucho más importante que la pureza del enfoque técnico-vocal: “Cuando una quiere encontrar un gesto, cuando quiere saber como actuar en el escenario, lo único que tienes que hacer es escuchar la música. El compositor ya ha pensado en eso Si te tomas la molestia de escuchar con tu alma y con tus oídos, y digo alma y oídos, porque la mente debe trabajar, pero tampoco demasiado, encontrarás cada gesto allí. Y eso es la verdad”.

María se fue moldeando poco a poco en una lenta progresión como miembro de la Compañía de Ópera de Atenas desde 1940 hasta el 45, ganando en presencia escénica y conociendo de primera mano aquellos papeles que le eran más adecuados, Suor Angelica y Tosca de Puccini y de Leonora en el Fidelio de Beethoven, fueron algunos de los títulos que interpretó en esta primera época. 

En 1944 la flota británica llega al puerto de El Pireo. La Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin, y María decide volver a los Estados Unidos para encontrarse con su padre. En Nueva York la escucha Edward Johnson, director del Metropolitan Opera House que le ofrece de inmediato el papel principal de Fidelio, de Ludwig van Beethoven, y Madama Butterfly, de Giacomo Puccini. Para su sorpresa, Maria rechazó con vehemencia ambos papeles: no quería cantar Fidelio en inglés y consideraba que el rol de Butterfly no era lo que quería en su debut americano. María aún estaba aprendiendo pero ya daba muestras de su fuerte carácter.

Maria+Callas+Callas.jpg

Continuó su ardua evolución trasladándose a Italia a Italia donde debutó en 1947 en la Arena de Verona con La Gioconda de Amilcare Ponchielli llamando la atención de otros prestigiosos teatros italianos. Al fin Su carrera empezaba a despegar y protegida por el eminente director de orquesta Tullio Serafin, cantó Turandot, de Puccini, Aida y La forza del destino, de Giuseppe Verdi, e incluso Tristán e Isolda, de Richard Wagner, ésta última en versión italiana. Su consagración llegó en 1948 en Florencia protagonizando Norma de Vincenzo Bellini en Florencia y a principios del 49 en Venecia sustituyendo a una indispuesta Margherita Carosio en la interpretación de Puritani, un papel que requería una coloratura en principio no atribuible a la voz de Callas y que sin embargo bordó con un éxito arrollador. A María le empezaban a llover las ofertas para protagonizar los grandes papeles del repertorio italiano belcantista y romántico para soprano.

Convertida en toda una una celebridad en Italia, reemplaza a Renata Tebaldi en La Scalla para Aida de Verdi. María esperaba un gran éxito inmediato, en las representaciones de Abril de 1950 pero no es hasta su segunda presentación el 7 de diciembre de 1951 cuando finalmente la Scala se rinde a sus pies y la denomina “La Divina”.

A esas representaciones de Aida en la Scala se le pone un pero: su oronda figura es motivo de burla y María lee en la prensa un desagradable artículo en la que compara sus piernas por las patas de un elefante. La Divina, en vez de hundirse decide poner remedio al asunto y se impone una estricta dieta pasando de ser una soprano obesa a lucir una esbelta figura adelgazando más de 30 kilos. A esta metamorfosis le acompaña un refinamiento en su vestuario bajo la inspiración de la Audrey Hepburn de Vacaciones en Roma. Visita a los grandes diseñadores de Milán, se hace con un selecto catálogo en joyas y aprende a caminar sobre tacón alto. También hace del maquillaje una de sus señas de identidad, pintando sus grandes ojos con delineadores azabache. La Divina se sienta en el trono de la Scala como ya no solo como cantante, sino también como icono estético y cultural.

La ópera se divide

A primera vista a la Callas y a la Tebaldi les unen muchas cosas: el amor a la música, una tortuosa infancia, el duro trabajo hasta la cima desde abajo, maestras españolas… pero su diferente perspectiva a la hora en encarar un espectáculo provoca divisiones de opiniones entre los amantes de lo operístico, y sus polémicas dan la vuelta al mundo azuzadas por sus incipientes ejércitos de seguidores dispuestos a defenderlas hasta donde haga falta, algo que es del gusto de promotores y directores teatrales que ven en sus trifulcas un rédito inmediato y una garantía de entradas agotadas.

Parece ser que el origen de la polémica se origina en una gira que ambas primadonnas realizaron por Sudamérica en el año 51. De puertas afuera todo eran parabienes y buenas maneras, pero las desconfianzas iban in crescendo. Tenían un pacto entre damas de no hacer bises para no pisarse una a la otra, hasta que en Río de Janeiro la Tebaldi se marcó un par de ellos. La Divina Callas, haciendo uso de su temperamento entró en cólera, y replicó denostando la interpretación de Tebaldi en la Violetta de La Traviata en la que había tenido que bajar un tono, sugiriendo además que debía desistir de cantar ese papel.

Tebaldi no acostumbraba a replicar la Callas y acostumbraba a mantener su perfil suave frente las trifulcas que estaban por venir pero la tormenta ya se había desatado. En 1955 sintió que ya no tenía sitio en La Scala y que había perdido su trono, por lo que enfocó su carrera hacia Estados Unidos haciendo del Metropolitan su bastión, cantando ininterrumpidamente hasta 1973 con más de 270 interpretaciones sobre las tablas del escenario neoyorquino. Ironías del destino: Una americana reinaba en Milán, una italiana reinaba en Nueva York.

Durante la segunda mitad del siglo XX el desarrollo de los contenidos audiovisuales popularizaron la ópera, llegando a todas las casas donde había un televisor, una radio o un equipo de música. Este incremento de acólitos unido a lo mediático de esta rivalidad casi obligó a los aficionados a decantarse por ser Callistas o Tebaldistas. Los segundos se resistieron a ceder la Scala bombardeando el escenario de frutas y verduras en vez de flores tras un recital de la Callas (la cual al darse cuenta del hecho, pidió silencio y preguntó sorprendida de “donde habían sacado frutas y verduras tan frescas en invierno”).

A la vista está que María Callas no se sentía para nada intimidada ante los desplantes de su opositores, y no perdía ocasión de avivar la batalla con la prensa aprovechando su ascenso a icono mediático, definiéndose a si misma la revista Time “Champán” y a Tebaldi como “Coca-Cola” (parece ser que en verdad se refirió a ella como “Cognac” y que fué unos de sus secuaces el que dijo ” mejor Coca-Cola” con sorna). Tebaldi replicó que el “Champán” se avinagraba muy pronto, mostrando cierto disgusto: “¡Algunos burros han puesto el nombre de Callas en el pie de algunas de mis fotos! Fue simplemente un gran error, que ninguna excusa en el mundo puede perdonar. Tienen tanto en mente el nombre de Callas que lo pondrían en cualquier lugar.”

En medio del huracán, el director de la Scala Antonio Ghiringhelli trató de unirlas para que cantasen juntas, pero ambas se negaron en redondo, y ya en 1958 Tebaldi formalizó su ruptura definitiva con el escenario milanés tras interpretar El Pirata de Bellini:  “Con profundo dolor, dejo La Scala para siempre, porque mi permanencia no sería compatible con mi dignidad como persona y como artista”.

Es a finales de los años 50 cuando el choque entre ambos bandos es más virulencia. Volviendo a la actualización de la Callas en el Liceo, parece que la Divina caldeó los ánimos de los Tebaldistas con afirmaciones del tipo “Yo soy una artista, no un ángel” o “Si quisiera podría hacer creer que soy la persona más dulce del mundo. Me bastaría con tener un buen agente de publicidad”. Pero salió al escenario para abordar la segunda parte del recital tras los abucheos previos totalmente recompuesta para interpretar La Boheme, Tosca, Italiana in Allegri e Il Pirata. Dicen que en este segundo acto María literalmente brilló, deleitando a un público puesto en pie al concluir.“El público aplaudía y aplaudía, y parecía abandonar la sala con pena” escribieron las crónicas, para alivio del teatro y en especial del empresario Joan Antoni Pàmies que había abonado un caché de 6.500 dólares, una cifra muy elevada en esos tiempos. Los Callistas habían triunfado en territorio comanche, y alguno de sus acérrimos refrendó la victoria garabateando un despectivo “Tebaldi canta como una rata” en una pared del pasillo del 5ª piso, un grafitti proto-punk que permaneció allí algunos años.

La cima desgasta

La tensión acumulada por semejantes envistes y lo extenuante de sus repletas agendas hizo que tanto Callas como Tebaldi tuvieran altibajos en sus carreras. Los más sonoros son los de María, quizás por lo extremo de su manera de cantar y lo complicado de su vida privada. Se separó de su marido Giovanni Meneghini al que acusó de quererla más como fuente de ingresos que como esposa para acudir a los brazos del naviero y playboy Arístides Onassis, con el que tuvo una relación tortuosa que inundó durante años las páginas de la prensa rosa, dedicando más tiempo a su vida social que a su carrera.

Diversos incidentes fueron objeto de sonoras polémicas entorno a la Callas: El más reseñable ocurrió el 2 de Enero de 1958 en la Ópera de Roma cuando tras concluir el primer acto de Norma abandonó el auditorio sin previo aviso dejando plantado al respetable y al presidente de la República Italiana Giovanni Gronchi para escándalo de los medios que la denominaron “la actuación que no sucedió”. María justificó su espantada aduciendo a una indisposición vocal que comprometía la actuación y que por más que faltase el respeto al público o al presidente ella a quien verdaderamente se debía era al nombre que ponía en el cartel de la obra, el del compositor Bellini (hoy en día esto sería un trending topic de altura).

También tuvo un dramático encontronazo con su Scala, en 1961 interpretando Medea. Su voz no estaba en plena forma y la audiencia comenzó a pitar. Maria parecía ignorar el alboroto hasta que llegó la escena donde ella denuncia a Jasón con la palabra “Crudel!” (“¡Cruel!”). Después del primer “Crudel!” paró de cantar, miró al público y le dirigió su segundo “Crudel!“, hizo una segunda pausa y dijo “Ho dato tutto a te” (“Te lo he dado todo”) mientras alzaba el puño dirigiéndose a la galería: la audiencia paró de silbar, y María recibió una ovación clamorosa al final. En 1965 su agotamiento físico y vocal era patente para todos aquellos que fueron a verla cantar, llegando incluso al límite de desplomarse en medio del escenario de Paris justo al caer el telón al final de la obra. La Callas, consciente de su declive decide abandonar los escenarios tan solo 41 años de edad.

Un ricordo di Renata Tebaldi alla Scala

Tebaldi por su parte fue mucho más discreta tanto en lo personal (nunca se casó y aunque se conoce que tuvo amantes no fué objeto alguno de escándalo) como en sus momentos de debilidad vocal. En la temporada 1962/63, Tebaldi convenció a Rudolf Bing, para reponer en escena Adriana Lecouvreur de Cilea, una ambiciosa ópera no se había representado desde el principio del siglo. Bing estaba convencido que la reposición constituiría un gran tanto para Renata, pero su voz no estaba precisamente en su mejor momento, por lo que tras el estreno decidió tomarse un descanso de trece meses y regresar después para cantar la Mimí en La Bohéme con gran éxito.

Todas las guerras se acaban

Y una tan sonada como esta no puede ser una excepción: el fin de la contienda se formaliza el 16 de septiembre de 1968 tras el escenario del Metropolitan, en un encuentro aparentemente casual donde la Callas y la Tebaldi se abrazaron efusivamente con el empresario Rudolf Bing y la prensa gráfica como testigos de excepción. Con la Divina ya retirada, las trifulcas con el Ángel carecen de demasiado sentido. La reconciliación propició que la Callas afirmase admirar el tomo de la Tebaldi  “es hermoso, también algunos fraseos hermosos. A veces realmente quisiera tener su voz”. Renata por su parte también enterró el hacha de guerra refiriéndose a María como “La mejor”.

Como todo en la vida de la Callas su final no pudo ser más trágico: su amor por Onassis le había llevado a acelerar su retiro y a renunciar a la nacionalidad americana con la esperanza de poder casarse de nuevo, pero en vez de ello se encontró con que el armador contraía nupcias con la viuda de américa Jacqueline Kennedy. Descorazonada por completo, cayó en depresión “en toda mi vida tan solo he pedido que me quisieran” . Protagonizó en 1969 la versión cinematográfica de Medea realizada por Pier Paolo Passolini y trató de orientar su carrera hacia la dirección escénica retornando brevemente a las tablas para una gira internacional con Giuseppe di Stefano en 1973 , pero su voz no era mas que un recuerdo de sus mejores tiempos. En la penumbra de su soledad y con el servicio como única compañía, María Callas falleció en su casa de París un 16 de Septiembre de 1977 tras sufrir una crisis cardíaca con tan sólo 53 años. La Divina pasaba de ser estrella a ser leyenda: “Yo soy María, pero dentro está la Callas y debo estar a la altura de ella. Lidio con ambas como puedo”.

Por su parte, Renata Tebaldi se retiró de los escenarios en Enero de 1973 en el Metropolitan con el mismo papel de Desdémona de Otello con el que había debutado 18 años antes. Después hizo unos pocos recitales, entre ellos los que recibió a modo de homenaje en el Palau de la Música de Barcelona y el Teatro Real de Madrid en 1974, y pisó las tablas por última vez en 1976 (como no podía ser de otra manera) en la Scala con 54 años, cerrando su carrera con broche de oro: “Cantar me ha permitido expresar lo más profundo de mi alma. Recibo cartas del mundo entero, se me para en la calle para decirme gracias. Es la recompensa de todos los esfuerzos que he realizado”. Murió el 19 de diciembre de 2004 en su casa de San Marino a la edad 82 años víctima de un cáncer. La rivalidad de ambas nunca fué olvidada, y la revista Variety informó de su deceso con el titular “Muere Tebaldi, la rival de la Callas en la Scala”.

Escuchas recomendadas:

Maria Callas – Pure Maria Callas

Renata Tebaldi – A Portrait Of Renata Tebaldi

Equipo recomendado para la escucha:

KEF – R3

Cambridge Audio – CXA81

Cambridge Audio – CXC V2

Deja una respuesta

Envíos gratis desde 150€
99% Valoraciones positivas
365 días a tu servicio
Pago seguro
Mejores precios garantizados

Utilizamos cookies únicamente con fines de análisis. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies